Flora


A lo largo de la historia de la ciudad se ha desarrollado una flora variada que ha dado lugar a que cada parque y jardín de la ciudad sea diferente del resto en función de la época y los motivos por los que fue construido. Especies autóctonas y exóticas de varias partes del mundo se hallan integradas en la ciudad formando parte de su idiosincrasia. Entre los árboles que se pueden encontrar en sus parques, plazuelas y calles destacan jacarandas y naranjos amargos. Otros árboles frecuentes en el paisaje viario son plátanos, tipuanas y árboles de fuego. Entres los arbustos destacan jazmín, adelfa y rosal.
Los jardines históricos de la ciudad presentan un amplio muestrario de diferentes estilos y tamaños, donde priman las especies exóticas. Los jardines más famosos son los del Alcázar y el parque de María Luisa. También en los distintos distritos, parques urbanos y zonas verdes ajardinadas que responden a un concepto tradicional de parque en cuya concepción se han tenido en cuenta la jardinería y zonas deportivas. Las principales especies de estos espacios son autóctonas, adaptadas a las ciudades y al clima de Sevilla.

El parque del Alamillo abarca 48 hectáreas de la zona más septentrional de la Isla de La Cartuja. Consta de áreas boscosas autóctonas en las que la actuación jardinera se limita a podas sanitarias y riego. En este parque se pueden encontrar árboles como algarrobos, naranjos, olivos, quejigos, encinas, alcornoques, fresnos europeos y pinos piñoneros.

Hidrografía


El municipio de Sevilla está atravesado en su lado occidental, por el río Guadalquivir, en cuya cuenca hidrográfica se encuentra integrada la totalidad de su provincia. Se enclava en pleno valle del Guadalquivir, una de las tres unidades litológicas en las que se divide dicha cuenca, en uno de los últimos meandros que configura este río antes de adentrarse en la zona de marismas existente hasta su desembocadura.

El Guadalquivir es el río más largo de Andalucía y el quinto de la Península Ibérica, con un recorrido de 657 km. Es navegable a través de un tronco principal de unos 80 km de longitud, desde su desembocadura al océano Atlántico en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) hasta Sevilla, donde se halla el único puerto fluvial de España.[20]

La parte oriental y suroriental de Sevilla está bañada por otros tres cursos fluviales, afluentes o subafluentes del Guadalquivir por su margen izquierda. El más importante de ellos es el río Guadaíra, que nace en la gaditana sierra de Pozo Amargo, discurre por el extremo sureste del término municipal y desemboca en el Guadalquivir, 20 km aguas abajo del casco urbano sevillano. Los arroyos Tagarete y Tamarguillo completan la red hidrográfica de la ciudad.

Sevilla está aproximadamente en el centro del curso bajo del Guadalquivir, que comienza a unos 90 km aguas arriba en el término de Palma del Río (Córdoba) y termina a unos 80 km aguas abajo en la desembocadura del río.

A su paso por la urbe, el río posee un caudal notable, tras haber recibido las aportaciones de todos sus grandes afluentes, entre ellos el Genil, que es su afluente más importante y confluye con él en la localidad de Palma del Río. En la estación de aforo instalada en Sevilla, el Guadalquivir registra un caudal medio de 164,3 m³/s, muy superior a los niveles alcanzados en el curso medio (68,40 km³/s, en Marmolejo, Jaén) y en el curso alto (19,80 m³/s, en el poblado de Pantano del Tranco, Jaén).

El río presenta un régimen hidrológico preferentemente pluvial, que determina fuertes variaciones de su caudal. Estas eran visibles en Sevilla, con estiajes por debajo de los 10 m³/s y crecidas de 5.000 y 9.000 m³/s, con periodos de recurrencia de 5 y 100 años respectivamente. En la actualidad, las oscilaciones han disminuido notablemente gracias a la regulación a la que está sometida toda la cuenca del río.[21]

A la irregularidad de este régimen hidrológico se añade la ubicación de Sevilla sobre una llanura aluvial, en plena zona de inundaciones, ha condicionado históricamente el trazado urbanístico de la ciudad. El cauce natural del río ha sido modificado por infraestructuras dirigidas a prevenir las grandes avenidas. Antes de la regulación actual, las crecidas elevaban las aguas a una altura entre 7 y 10 m y las zonas más bajas de la urbe, como la Alameda de Hércules, están situadas a una cota de tan solo 4,30 m.

Etimologías


Etimologías (Etymologiae u Originum sive etymologiarum libri viginti) es la obra más conocida de San Isidoro de Sevilla. Se trata de la primera enciclopedia escrita en la cultura occidental y toma su nombre del procedimiento de enseñanza que utiliza: explicar la etimología de cada palabra relacionada con el tema, muchas veces de forma algo forzada y pintoresca. El título también puede provenir de la materia de la que trata uno de los veinte libros de los que se compone la obra (concretamente el décimo). Fue escrita por San Isidoro poco antes de su muerte, en la plena madurez (627-630), a petición de Braulio, obispo de Zaragoza.

Se trata de una inmensa compilación en la que se almacena, sistematiza y condensa todo el conocimiento de su tiempo. A lo largo de gran parte de la Edad Media fue el texto más usado en las instituciones educativas. También fue muy leído durante el Renacimiento (al menos diez ediciones fueron impresas entre 1470 y 1530). Gracias a esta obra, se hizo posible la conservación de la cultura romana y su transmisión a la España visigoda. Esta recopilación de la cultura clásica fue tan apreciada, que en gran medida sustituyó el uso de las obras de los clásicos cuyo saber recoge, de modo que muchas dejaron de ser copiadas y están perdidas, como por ejemplo las obras del gran erudito romano Varrón. San Isidoro poseyó un gran conocimiento de los poetas griegos y latinos. Entre todos, cita ciento cincuenta y cuatro autores. Muchos de ellos los había leído en los textos originales y otros en las compilaciones en uso para su época.

Producción literaria


Autor prolífico, escribió tratados filosóficos, lingüísticos e históricos. De entre sus numerosas obras destacan: De natura rerum (Sobre la naturaleza de las cosas, un libro de astronomía e historia natural dedicado al rey visigodo Sisebuto), De ordine creaturarum, Regula monachorum, De differentiis verborum (que es más que un libro de sinónimos sino un breve tratado teológico sobre la doctrina de la Trinidad, la naturaleza de Cristo, el Paraíso, los ángeles y los hombres) y, sobre todo, Originum sive etymologiarum libri viginti (Etymologiae o Etimologías).

Éste último dividido en veinte libros, con 448 capítulos, constituye una enorme obra enciclopédica en la que se recogen y sistematizan todos los ámbitos del saber de la época (teología, historia, literatura, arte, derecho, gramática, cosmología, ciencias naturales...). Gracias a este obra, se hizo posible la conservación de la cultura romana y su transmisión a la España visigoda.

Esta recopilación de la cultura clásica fue tan apreciada, que en gran medida sustituyó el uso de las obras de los clásicos cuyo saber recoge.

Isidoro de Sevilla


San Isidoro de Sevilla (Cartagena ?, c. 560 - † Sevilla, 4 de abril de 636), obispo, teólogo, cronista, compilador y santo hispanorromano de la época visigoda.

Fue arzobispo de Sevilla durante más de tres décadas (599-636) y uno de los grandes eruditos de la temprana Edad Media.

Política cultural


Ronald Syme ha descrito a Adriano como el más «versátil» de todos los emperadores romanos. Gran admirador de la cultura, favoreció la eclosión de nuevas formas artísticas a lo largo del Imperio. Construida en Tibur (Tívoli), la Villa Adriana - la cual se encuentra destruida en gran parte como consecuencia de las expoliaciones que Hipólito II de Este efectuó a fin de edificar la Villa de Este - constituyó el mejor ejemplo de jardín de tipo alejandrino de la capital; dicho vergel recreaba un paisaje sagrado. Durante su reinado se llevó a cabo la reconstrucción del Panteón de Agripa - destruido tras el estallido de un incendio en 80 - el cual es uno de los edificios mejor conservados de la capital ; dicho monumento fue una importante fuente de inspiración de los arquitectos renacentistas y barrocos.

Desde mucho antes de acceder al trono, el emperador había mostrado especial interés por la arquitectura; no obstante, cuando enseñó sus diseños a Apolodoro de Damasco - el constructor del Foro de Trajano - éste los desechó arguyendo que sus «calabazas» - término con el que hacía referencia a las cúpulas - no tenían cabida en su edificio. En otra ocasión, mientras Apolodoro se encontraba resolviendo una duda de Trajano, Adriano le interrumpió tratando de dar su opinión, a lo que el arquitecto respondió:

Consolidación del trono


A su ascenso al trono, Adriano trató de obtener rápidamente el apoyo de los soldados. Además, ordenó la destitución de Lusio Quieto, un general de origen bereber que había participado en la campaña de Partia y había sido nombrado recientemente por Trajano gobernador de Judea y cónsul y de quien sospechaba que codiciaba el trono imperial. Aunque el emperador le había adoptado, Adriano tuvo que falsificar los documentos de adopción antes de presentarlos ante los senadores; aunque circularon rumores acerca de dicha falsificación, su verdadera legitimidad como emperador dependía de la aprobación senatorial y del apoyo de los soldados sirios.

Ocupado con la organización administrativa de los territorios de Oriente y del Danubio, así como con el conflicto con los judíos que se habían sublevado durante el reinado de su predecesor, no acudió a la capital hasta estabilizar el territorio. Fue a Atilio Aciano - ex-tutor del emperador - a quien se situó al frente de la capital.

En esta situación se «descubrió» un complot en el que estaban envueltos cuatro senadores - entre ellos Lusio Quieto - a los que se condenó a muerte sin celebrarse un juicio; el emperador afirmó que Aciano había actuado por iniciativa propia. Según Elizabeth Speller el verdadero motivo de su muerte era que habían sido ilustres militares leales a Trajano. Los asesinatos se ordenaron sin un acuerdo entre los senadores y el emperador, lo que causó un distanciamiento entre ellos. Este hecho constituye uno de los puntos de inflexión de las relaciones entre el Senado y Adriano, que impulsó una política dirigida a ampliar la base de apoyo del Principado estimulando el contacto de la administración central con las élites provinciales; ello iba en detrimento de la capital, que ya no era la indiscutible ciudad imperial y hegemónica.